Por la mañana, con el tiempo justo antes de salir de casa, encontrarse la encimera llena de platos y utensilios de la cena anterior hace que preparar los táperes resulte más lento y más incómodo de lo necesario. Dejarla despejada la noche antes cambia por completo cómo empieza esa rutina.
Dedicar unos minutos después de cenar a recoger lo utilizado y dejar la superficie libre supone poco esfuerzo en ese momento, pero facilita muchísimo la mañana siguiente, cuando el tiempo suele escasear más que por la noche.
Dejar también listo lo necesario para los táperes
Aprovechar ese mismo momento para sacar los táperes que se van a usar, o dejar a mano algún ingrediente que ya esté listo, adelanta parte del trabajo de la mañana sin que suponga una tarea aparte al final del día.
Con la encimera despejada, resulta mucho más fácil moverse con soltura mientras se preparan los táperes, sin tener que apartar platos o utensilios antes de empezar siquiera a cortar o servir la comida.
Esta pequeña costumbre también ayuda a empezar el día con menos sensación de desorden general en la cocina, lo que hace que toda la rutina matinal resulte algo más tranquila desde el primer momento.
Con la encimera lista desde la noche anterior, preparar los táperes por la mañana deja de ser una carrera contrarreloj. El espacio ya está disponible, y solo queda ocuparse de llenar cada recipiente con calma.